Sólo quiero decir, que el nivel de preocupación que genera empezar a leer ciertas cosas escritas por un familiar es alto.
Pero, dentro de esa preocupación esta bueno leer TODO para asegurarnos que la gente que queremos esta bien.
Esta es la historia que mi hermano contó hoy y que leí cuando llegué de la facultad.
Me parece que esta muy interesante. Sobre todo porque a todos nos llegan esos mails y cadenas sobre inseguridad en los edificios, en las nuevas maneras de robar.
Por si no pueden abrir el link:
Harto ya de estar harto de tener sueño me bajé
del 160 en Uriarte y Sta Fe. Unas cuadras después, Mientras sonaba
"Blackest Eyes" de Porcupine Tree, antes de cruzar Malabia vi a un
par de personas señalando a otra diciendo "Está loco, ese, ¿¡qué le
pasa!?...", "No sé, ese otro...".
La cosa es que había un grandote con cara de salame y un tipo un poco más flaco bastante alterado que le estaba gritando cosas y haciendo gestos. El grandote agarró por Malabia, mientras que el otro agarró Güemes, caminando por delante mío, mientras seguía gritando cosas acerca de como el estaba loco y le peleaba a todo el mundo. Lo miro tres segundos tratando de ver si el grandote lo había puesto o algo así y el flaco sigue gritando mirándome, ahora, a mí.
No hacemos treinta metros que el tipo se frena, tira la mochila que estaba llevando, levanta una botella de vino vacía de un montón de basura que había en la calle y me mira mientras sigue gritando cosas acerca de cómo estaba loco y no le importaba pelearse con grandotes, que el peleaba con lo que fuera, “con cuchillo, con botella, con patota, con todo”. Llegamos a la esquina, grita un poco más y gesticula otro poco, volviéndome a mirar. “Y bueno” pensé “Si le va a tratar de pegar a alguien mejor a mi que a alguno de los otros salames que nos acabamos de cruzar.”
Lo primero que se me ocurrió fue que el flaco estaba falopeado/escabiado y se quería fajar con alguien, después me acordé de un brasileño que me crucé una vuelta por Cnel. Díaz y Arenales puteando en portugués, mientras hacía gestos de que le quería partir la boca a alguien, porque al parecer unos pibes le habían gritado algo.
Desde ya que el tipo me asustó pero no soy bueno para reaccionar cuando pasan cosas de este estilo, pensé en guardarme la navaja que llevo en la mochila en el bolsillo por las dudas, pero esa idea me duró los dos segundos que tardaron en dejar de temblarme los hombros, después me acordé que a dos cuadras había una comisaría y mi segunda idea fue ir a avisarle a algún cana que había un flaco que andaba sacado por la calle levantando botellas de vidrio y haciendo malabares ninjas así que puse cara de naipe hasta que el semáforo se puso en verde. Pensé por un momento que el flaco no había hecho nada, pero después pensé que mejor no esperar a que revoleara un botellazo y buscar un cana.
Antes de cruzar S.Ortiz estaba completamente resuelto en ir a la 21 pero en vez de adelantármele, dejé que se me adelantara diez pasos como para ver si seguía medio loco o si se tranquilizaba.
No llegamos a hacer media cuadra y el flaco tira la botella de vino, camina otros diez pasos medio a los empellones mientras la gente lo va esquivando, gira la cabeza, me ve y levanta lo que encuentra, ahora una botella de Pepsi. El tipo agita un poco la botella como si fuera un garrote, mira a la gente que venía de frente, vuelve a mirarme y como sin saber qué hacer toma un trago de lo poco que quedaba (o sea, de la botella que había levantado de la basura) y la tira en la vereda. Ahí me di cuenta de que el flaco en realidad estaba asustado, y por las dudas decidí seguirlo las cuatro cuadras que faltaban hasta Bulnes.
Mientras estamos llegando a la esquina me vuelve a mirar y mientras empiezo a doblar en Bulnes no puedo evitar mirarlo a los ojos tres segundos a la pasada, ahora sí a un metro de él.
¿Y el tipo qué hace? Da un paso hacia mí y me dice:
- Che disculpá, loco, con vos todo bien, es con el otro que estaba todo mal y yo me saqué, loco, pasa que soy medio violento, viste…
- ¿Estás bien? ¿Te hicieron algo?
- No, pasa….
- Te dijo algo, ¿no?
- Si, loco, me faltó el respeto; me faltó el respeto viste, y yo me saqué, loco y te grité a vos, pero yo soy violento, viste; tengo que ser más calmado; estaba todo bien con vos…
- De verdad, no pasó nada; me paré, ahí atrás, para ver si no te había pasado nada, nomás, si no te habían afanado o pegado…
- Gracias, loco, ¿tu nombre?- y me extiende la mano.
Le dije mi nombre y charlamos veinte minutos. Se volvió a disculpar, y me contó que se crió “en la calle con la violencia”, mientras sonreía me mostró que le faltaban dientes por esa misma razón, me preguntó qué hacía, me contó que era de Santo Tomé (pcia. de Corrientes), hablamos de la facultad, me comentó que estudiaba Teología y Religión, me contó que Sto. Tomé estaba sobre el Río Uruguay, hablamos de inundaciones, le conté un par de cosas de terremotos, me preguntó por qué había terremotos y le expliqué lo mejor que pude antes de decirle que los dos nos teníamos que ir.
- Chau loco, vas a ser un gran científico vos. – me dijo, sabiendo lo poco que sabía, mientras me extendía la mano de vuelta.
- Gracias viejo, mucha suerte.
- No loco, gracias a vos; Dios te bendiga.
Dios me bendijo en el momento en que decidí darle diez pasos de ventaja.
La cosa es que había un grandote con cara de salame y un tipo un poco más flaco bastante alterado que le estaba gritando cosas y haciendo gestos. El grandote agarró por Malabia, mientras que el otro agarró Güemes, caminando por delante mío, mientras seguía gritando cosas acerca de como el estaba loco y le peleaba a todo el mundo. Lo miro tres segundos tratando de ver si el grandote lo había puesto o algo así y el flaco sigue gritando mirándome, ahora, a mí.
No hacemos treinta metros que el tipo se frena, tira la mochila que estaba llevando, levanta una botella de vino vacía de un montón de basura que había en la calle y me mira mientras sigue gritando cosas acerca de cómo estaba loco y no le importaba pelearse con grandotes, que el peleaba con lo que fuera, “con cuchillo, con botella, con patota, con todo”. Llegamos a la esquina, grita un poco más y gesticula otro poco, volviéndome a mirar. “Y bueno” pensé “Si le va a tratar de pegar a alguien mejor a mi que a alguno de los otros salames que nos acabamos de cruzar.”
Lo primero que se me ocurrió fue que el flaco estaba falopeado/escabiado y se quería fajar con alguien, después me acordé de un brasileño que me crucé una vuelta por Cnel. Díaz y Arenales puteando en portugués, mientras hacía gestos de que le quería partir la boca a alguien, porque al parecer unos pibes le habían gritado algo.
Desde ya que el tipo me asustó pero no soy bueno para reaccionar cuando pasan cosas de este estilo, pensé en guardarme la navaja que llevo en la mochila en el bolsillo por las dudas, pero esa idea me duró los dos segundos que tardaron en dejar de temblarme los hombros, después me acordé que a dos cuadras había una comisaría y mi segunda idea fue ir a avisarle a algún cana que había un flaco que andaba sacado por la calle levantando botellas de vidrio y haciendo malabares ninjas así que puse cara de naipe hasta que el semáforo se puso en verde. Pensé por un momento que el flaco no había hecho nada, pero después pensé que mejor no esperar a que revoleara un botellazo y buscar un cana.
Antes de cruzar S.Ortiz estaba completamente resuelto en ir a la 21 pero en vez de adelantármele, dejé que se me adelantara diez pasos como para ver si seguía medio loco o si se tranquilizaba.
No llegamos a hacer media cuadra y el flaco tira la botella de vino, camina otros diez pasos medio a los empellones mientras la gente lo va esquivando, gira la cabeza, me ve y levanta lo que encuentra, ahora una botella de Pepsi. El tipo agita un poco la botella como si fuera un garrote, mira a la gente que venía de frente, vuelve a mirarme y como sin saber qué hacer toma un trago de lo poco que quedaba (o sea, de la botella que había levantado de la basura) y la tira en la vereda. Ahí me di cuenta de que el flaco en realidad estaba asustado, y por las dudas decidí seguirlo las cuatro cuadras que faltaban hasta Bulnes.
Mientras estamos llegando a la esquina me vuelve a mirar y mientras empiezo a doblar en Bulnes no puedo evitar mirarlo a los ojos tres segundos a la pasada, ahora sí a un metro de él.
¿Y el tipo qué hace? Da un paso hacia mí y me dice:
- Che disculpá, loco, con vos todo bien, es con el otro que estaba todo mal y yo me saqué, loco, pasa que soy medio violento, viste…
- ¿Estás bien? ¿Te hicieron algo?
- No, pasa….
- Te dijo algo, ¿no?
- Si, loco, me faltó el respeto; me faltó el respeto viste, y yo me saqué, loco y te grité a vos, pero yo soy violento, viste; tengo que ser más calmado; estaba todo bien con vos…
- De verdad, no pasó nada; me paré, ahí atrás, para ver si no te había pasado nada, nomás, si no te habían afanado o pegado…
- Gracias, loco, ¿tu nombre?- y me extiende la mano.
Le dije mi nombre y charlamos veinte minutos. Se volvió a disculpar, y me contó que se crió “en la calle con la violencia”, mientras sonreía me mostró que le faltaban dientes por esa misma razón, me preguntó qué hacía, me contó que era de Santo Tomé (pcia. de Corrientes), hablamos de la facultad, me comentó que estudiaba Teología y Religión, me contó que Sto. Tomé estaba sobre el Río Uruguay, hablamos de inundaciones, le conté un par de cosas de terremotos, me preguntó por qué había terremotos y le expliqué lo mejor que pude antes de decirle que los dos nos teníamos que ir.
- Chau loco, vas a ser un gran científico vos. – me dijo, sabiendo lo poco que sabía, mientras me extendía la mano de vuelta.
- Gracias viejo, mucha suerte.
- No loco, gracias a vos; Dios te bendiga.
Dios me bendijo en el momento en que decidí darle diez pasos de ventaja.
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